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Laudato Si’:El deber cristiano hacia nuestra casa común

Extracto de Román Guridi, Teólogo.

Agosto 2015



Debemos asumir que el compromiso ecológico forma parte del núcleo de la fe cristiana, no lo podemos considerar como algo accesorio u opcional. ¿Qué hace que, a pesar de todo el conocimiento que poseemos acerca de los males que ya nos aquejan, no seamos capaces de emprender los cambios necesarios? Como advierte la nueva encíclica, afrontar este reto implica un cambio de estilo de vida y redefinir lo que entendemos por desarrollo. La ecología integral evidencia que son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior.

No es primera vez que un Papa habla de ecología. Francisco reconoce este legado mencionando al comienzo de su nueva encíclica a sus tres predecesores y citando en ella abundantemente a Juan Pablo II y Benedicto XVI1 . Con Laudato Si’, sin embargo, la reflexión magisterial sobre esta materia adquiere una importancia mayor y una sistematicidad nueva que vincula fuertemente la fe cristiana con la búsqueda y promoción de una ecología integral.


LIDERAZGO ESPIRITUAL Y MORAL

Con esta encíclica, Francisco responde a un llamado de liderazgo moral y espiritual esperado por muchos, en particular por grupos ambientalistas y comunidades científicas. Dichas organizaciones, al mismo tiempo que constatan los inmensos desafíos ecológicos que enfrentamos, reconocen que “la información” no basta. ¿Qué sucede que, a pesar de todos los antecedentes que poseemos sobre los males que ya nos aquejan y los anunciados desastres futuros, no somos capaces de emprender los cambios y transformaciones necesarias para aminorarlos o, derechamente, evitarlos? Pareciera que los desafíos ecológicos son la manifestación de una crisis más amplia, que involucra falta de visión ética, imaginación, carácter, voluntad política y liderazgo. Laudato Si’ se inscribe de ese modo en el registro de la anhelada inspiración espiritual y moral, que invita a un cambio de estilo de vida y a tomar decisiones políticas globales que, junto con impactar los sistemas de producción y consumo, redefinan lo que entendemos por desarrollo y el sentido del progreso.

A diferencia de Evangelii Gaudium, esta encíclica se dirige a todos los seres humanos y quiere promover un diálogo acerca de nuestra casa común. La invitación fundamental del texto puede ser dicha de muchas maneras: unirnos en la búsqueda de un desarrollo sostenible, integral y solidario (13, 18, 50)2 ; una solidaridad universal nueva (14); cambios de estilo de vida, producción y consumo (23, 206); nueva ética de las relaciones internacionales (51); nuevos liderazgos y sistema normativo (53- 4); una revolución cultural que implique recuperar los valores y los grandes fines arrasados por un desenfreno megalómano (114); un consenso mundial que, por sobre los intereses nacionales, nos haga pensar en un solo mundo y en un proyecto común (164); acuerdos internacionales que se cumplan y marcos regulatorios globales para los “bienes comunes universales” (173-4); cambiar el modelo de desarrollo global y redefinir el progreso (194); nuevos hábitos (209); crear una “ciudadanía ecológica” (211); una cultura del cuidado que impregne toda la sociedad (231). El texto puede ser leído con provecho desde distintas perspectivas, como, por ejemplo, la identificación de los desafíos ecológicos, sus causas y posibles soluciones, o la crítica al paradigma tecnocrático que ha permeado todas nuestras relaciones y ha secuestrado la política y la economía.

 

1 Vale la pena recordar especialmente dos de los mensajes papales con ocasión de la Jornada Mundial Anual de la Paz: el que expresó Juan Pablo II en 1990, Paz con Dios creador. Paz con toda la creación, y el de Benedicto XVI en 2010, Si quieres promover la paz, protege la creación. 2 Los números entre paréntesis refieren a los números de la encíclica en los que se encontrará la idea mencionada


El texto puede ser leído con provecho desde distintas perspectivas, como, por ejemplo, la identificación de los desafíos ecológicos, sus causas y posibles soluciones, o la crítica al paradigma tecnocrático que ha permeado todas nuestras relaciones y ha secuestrado la política y la economía.

UN COMPROMISO INHERENTE A LA FE CRISTIANA

Este artículo se centra en una lectura teológica de la Encíclica. La pregunta central es: ¿por qué el compromiso ecológico no es algo accesorio u opcional, sino que inherente a la fe cristiana? (217) En otras palabras, ¿por qué los cristianos, más allá de nuestro deber como ciudadanos ante la inminencia de los problemas, debemos interesarnos y comprometernos en la promoción de lo que la encíclica llama una ecología integral? ¿Cuál es la argumentación teológica y las motivaciones religiosas que fundarían este deber? Dos opciones clave enmarcan el desarrollo de la Encíclica. La primera es la definición de ecología como ecología integral3. Acertadamente, se afirma que la ecología no se reduce a la reflexión sobre el medio ambiente y que los desafíos ecológicos no se agotan en las problemáticas medioambientales. La ecología integral evidencia que son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior (10). Así, un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social que incorpora la justicia en las discusiones sobre el ambiente para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres (49, 53, 117). Si la ecología tiene que ver con la interacción de los individuos en y con sus entornos, entonces la ecología debe tomar en cuenta todas las dimensiones humanas de relacionalidad. No solo la interacción del ser humano con la naturaleza, sino también su relación con los demás y consigo mismo forman parte de la ecología. Es por eso que la ecología integral supone la ecología económica, cultural, social y personal. Como consecuencia, tanto la gama de los desafíos ecológicos como sus causas y posibles soluciones van más allá de los problemas medioambientales. Así se identifican como desafíos ecológicos, por ejemplo, no solo el cambio climático y la disminución de la biodiversidad, sino también el planeamiento urbano y la producción y distribución de alimentos. La segunda opción clave es enfatizar la necesidad de un enfoque multidisciplinar no solo en la identificación de los desafíos ecológicos, sino también en el reconocimiento de sus causas y la búsqueda de soluciones. Es iluso pretender que los problemas ecológicos se resolverán solo con nuevas aplicaciones técnicas, sin consideraciones éticas ni cambios de fondo (60). Se requiere, por lo tanto, el concurso de diversos saberes como la filosofía y la ética social (110). Las ciencias empíricas no explican completamente la vida (199) y otras racionalidades y enfoques como, por ejemplo, las culturas aborígenes (146) y las tradiciones religiosas (7-9, 62) pueden aportar significativamente a la toma de conciencia de los desafíos ecológicos actuales, sus causas más profundas y también sus soluciones. Es en esta perspectiva que Francisco introduce el aporte que la fe en Jesucristo y la tradición cristiana ofrecen a este diálogo multidisciplinar. La Iglesia católica no pretende sustituir a la política ni zanjar los debates científicos (188), sino que cree que posee un tesoro de sabiduría (200) y una riqueza (216) que pueden ser valiosas y pertinentes para hacer frente a la actual crisis ecológica. El Papa, entonces, pone la tradición cristiana a disposición de toda la humanidad en la necesaria búsqueda colectiva de soluciones. Francisco afirma que la fe cristiana supone compromisos y deberes ecológicos que le son inherentes (64). No se trata, por lo tanto, de sumarse a una supuesta “moda verde” que sería opcional e ideológica, sino que el compromiso ecológico forma parte del núcleo de la fe cristiana. Podemos preguntarnos, por lo tanto, ¿cómo Laudato Si’ fundamenta esta afirmación? Tal como señalamos, la pregunta central es ¿cuáles son los argumentos teológicos que la Encíclica ofrece para mostrar que la promoción de una ecología integral es un deber de todo cristiano?



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